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Y TODO SE PONE DEL REVÉS PARA VOLVER AL DERECHO

Vivimos en una sociedad enferma. Si alguna vez consigues parar el coco y mirar los cosas desde otra perspectiva, te sorprenderás y mucho.  Correr y correr. Tener y tener. Pensar que la felicidad está ahí. No es así. El tiempo se esfuma, cada vez más y más rápido y la mayoría de nuestro día, semana, mes, año y vida la pasamos trabajando, preocupándonos, sobreviviendo, buscando metas que nunca llegan y, si lo hacen, al instante tenemos otras a las que enfrentarnos.  No está nada mal esforzarse por lograr algo, pero ¿a qué precio? Si tienes que pagar con tu tiempo, has perdido la partida.  Cuando tu cabeza te dice que pares, te está dando ese toque que necesitas para poder priorizar. Lo primero, tú. Eres lo importante. Tienes que hacer lo que necesites para sentirte realizada, feliz, plena,... Y después, tu familia y amigos. Lo demás son medios para alcanzar un fin: estar en paz. Aprovechar esos segundos de felicidad que tiene el día. Son pocos, pero valen mucho.  Hay v...

EL ALCALDE EN SU ZALAMEA (DE LA SERENA)

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  Teníamos muchas ganas de ver la obra de Calderón de la Barca que representan, cada año, los habitantes de Zalamea de la Serena (Badajoz). Sorprendida y muy emocionada por lo que vimos, no dormiría yo tranquila sin contaros la experiencia. Este pueblo se viste del Siglo de Oro durante cuatro días (este año, del 17 al 20 de agosto). Más de 600 vecinos participan en esta puesta en escena de la obra que retrató a su alcalde, Pedro Crespo. Eso es lo primero que nos dejó con la boca abierta. Zalamea de la Serena se convierte en una villa del siglo XVI, donde niños y mayores participan vistiéndose y comportándose como lo harían sus antepasados. No falta un detalle: su ropa, los utensilios, soldados a caballo, los aldeanos arando la tierra, las lavanderas cantando en la fuente... Música de otra época, mercados medievales, exposiciones, el castillo abierto al público y, a sus puertas, juegos con los que los pequeños se divertían antes pero también lo hacen ahora. Os recomiendo ir con tiem...

UN POCO DE VENECIA

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Uno de los viajes más bonitos que hemos hecho en familia. En el que, además de visitar esta preciosa ciudad, aprendimos cosas que no creo que se nos olviden. Muy recomendable para viajar con niños porque, aunque no paras de andar y pueden cansarse un poco, es un lugar que les encanta.  Sí, a viajar en góndola, a comer pasta y pizza, a probar los helados y a pasar las horas muertas mirando los canales o sentados en una plaza. Vuelves lleno de vida y con una mirada diferente.  Los venecianos, a pesar de que no pueden disimular su hartazgo de turistas, son personas afables y cuidadosas con los visitantes. Saben que, al final, su vida gira en torno a ellos.  Lo dramático de esta ciudad es que se hunde y que está destinada a desaparecer, y eso la hace más misteriosa y encantadora. Venecia vive sobre una laguna, pero no de agua estancada sino que sube y baja. Hace dieciséis siglos que dicha laguna fue poblada, pasando de ser sólo fango a un lugar en el que fue posible la vida, ...

UNA FIESTA DE LA QUE YA FORMAS PARTE

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Puse un mantón de manila en mi balcón, para dar la bienvenida a las fiestas que más me hacen sentir. Como una niña pequeña, contaba los minutos para oír el sonido del tambor que acompaña a los hermanos del Señor durante su paseo por el pueblo. De casa en casa, recogiendo a sus compañeros. Y alabando al Santísimo Sacramento. Por siempre alabado sea.  No puedo explicar lo que siento. Es una explosión de recuerdos de otras épocas mejores (en las que todavía tenía a mi lado a las personas más importantes de mi vida) y unas ganas locas de pintar una sonrisa en la cara al ver la de mi hijo, de la mano de su padre, empapándose de lo que somos. A veces los sentimientos se mezclan de tal manera que puedes estar plena y a la vez triste, estar en el séptimo cielo y caer al suelo en segundos. Hasta un poco de miedo, angustia. A la vez, emoción, sorpresa y ternura. Todo así, en el mismo cuerpo, cada hora que fuimos bailando las alcancías por las calles de mi Peñalsordo.  El domingo despert...

PARA LA NIÑA QUE FUI

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Ojalá hubiese sabido entonces todo lo que ahora sé.  Porque no me hubiese levantado pensando en que no era suficiente.  Porque la vergüenza que me hacían sentir no estaría ahí. Porque no hubiese escuchado a aquellos que querían dirigir mi vida. Porque el tiempo que pasé llorando lo habría empleado en reír. Porque saldría a la calle fuerte, capaz y segura. Porque no hubiese sido esa señorita para la que me prepararon. Porque ahora daría más de un golpe en la mesa para ponerme en mi sitio. Por eso me gustaría decirle a esa niña adolescente que sólo haga caso a su interior. Porque se arrepentirá de mil cosas, pero las habrá hecho por ella misma. Que no se deje engañar, la vida la hace cada uno y no hay un molde en el que tenga que encajar.  Libre. Con al cabeza muy alta y capaz. Con fuerza, que no es menos que nadie. Ni más. Y puede hacer lo que quiera con esta vida, que es suya.   Vive, ama y sé tan feliz que el día que mires atrás no sientas que arrancaron un pedazo d...

POR TODAS, PARA TODAS LAS MADRES

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Para todas las que nos enseñaron a levantarnos. Las que hicieron, con su esfuerzo, este camino por el que andamos. Las que se pintaban los labios de rojo, se subían a sus tacones y no miraban atrás. Sin pensar. Sólo hacían. De las que aprendimos a ser fuertes. A no depender de nadie. Sólo de nosotras mismas.  Mil veces se levantaron para recordarnos que teníamos que luchar. Que esto no iba a ser fácil. Otras mil cayeron, rendidas, porque pensaron que no podían más. Perdieron la batalla, gritaron, lloraron. Y volvieron al ataque.  Esa fuerza que tienen las madres, ese coraje, esa furia ... nace en el momento en que un nuevo ser habita en ellas. Y saben que tienen que salir adelante. Siempre lo hacen. Gracias. Por cada noche en vela. Por todas esas preocupaciones a nuestra costa. Por estar en cada mal trago y también en todos los buenos. Por vuestra sonrisa, por esa mano tendida y por cada uno de los «te quiero» que fueron capaces de curarnos el alma. Por esa luz encendida. El c...

AMARGURAS, LAS JUSTAS

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  A veces tenemos un manojo de algo que no sabemos qué es en el estómago, debajo del pecho. En ocasiones, incluso manda señales a los brazos y a las piernas; como si lo que ahí hubiese se extendiera por todo el cuerpo. No sabes de dónde viene, pero está. Es desagradable, porque sientes una angustia que te deja hecho polvo. Imagen de Gino Crescoli en Pixabay   Y es que quizá llevemos mucho tiempo diciéndonos cosas malas. Sintiéndonos la peor persona del mundo por pensar, y decir, lo que otros no quieren escuchar. Intentando no hacer daño a los que tenemos alrededor, pero rompiéndonos por dentro en el intento.   Puede que no hayamos encontrado en meses un momento de calma. Que corramos de un sitio a otro, y nuestra mente no pare de buscar soluciones a esos problemas, del primer mundo, que ya son bastante. Por un lado, intentando hacer malabares entre la casa y el trabajo. Con el miedo que da pensar en perder tu sustento, pero también la preocupac...

A VECES ME QUEDO UN RATO ALLÍ

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  Me gusta volver a los cumpleaños de mesa en medio del pasillo. De aquella casa típica de pueblo. Con todos los vecinos alrededor del mantel blanco de papel.   De velas de colorines en la tarta de galletas y "flanín" hecha por mi abuela. Un manjar que siempre tenía un extra para mí, porque, la noche anterior, me dejaba terminar todo el relleno que sobraba, a cucharadas en el cazo que había estado calentándose en aquella cocina que tanto añoro.  Y, aunque los amigos que me lean saben que siempre acababa enfadada (cosas del directo y de la sobreactuación de la "prota") eran las fiestas más espectaculares que recuerdo.  Echando la vista atrás, me doy cuenta de que no necesitaba tanto. Y, sólo imaginando a mis abuelos y a mis padres preparando el evento, mis ojos se empapan. No recuerdo los regalos, sólo el sabor del chocolate y la sonrisa y el trasiego de mi abuela, pastel en mano. La cara de sorpresa de los amigos, que venían a verme y se quedaban solos, porque yo ...

Sin ti no sería

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  Aquel que sostiene, fuerte, tu mano. Cuando escapas de ese refugio y caes, te levanta. Así es un padre, así es mi padre.      Resolutivo, alegre, disfrutón. Me enseñaste a hacer equipo, a amar la música y a cantarla sin vergüenza, aunque tú y yo sabemos lo mal que lo hago. Me pusiste a los Rolling, a los Beatles. En el coche, a Gabinete Caligari, Héroes del Silencio, Los Planetas... El mejor regalo, una cinta de música elegida por ti.  Contigo he aprendido lo que quiero y lo que no quiero en mi vida; los principios que siempre me guiarán. El primero, el cariño.   Te vi barrer y fregar, desde pequeña. Disfrutar a tope de tu tiempo, ser buena persona, esforzarte y confiar primero en ti. Amar la vida y a los que te rodean.  Tienes el súper poder de darme fuerza, el don de resolver mis problemas con solo unas palabras. Sabes siempre lo que tienes que hacer y, si te equivocas, tu hija que es Pepito Grillo ya te dice que por ahí vas mal. Y le haces ca...

TAMBIÉN HAY DÍAS MALOS

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Cuando tengo ganas de llorar, yo escribo. Siempre escribo. Me pongo Extremoduro a tope y escribo. Siempre, desde que era bien joven. A veces era necesario escuchar «Pedrá»  en bucle, mientras llenaba páginas y páginas con mis desgracias, que en aquella época serían los desamores o los desaires de alguna amiga o amigo.  Y sigo igual. Nada me viene mejor que ponerme la música a nivel máximo y escribir.    Porque hay veces que, no sabes por qué motivo, la vida te enseña cosas que no quieres ver y tienes que aceptarlas como son, sin importar que tú pienses que es injusto y feo. Y da igual que no tenga que ver contigo, te duele igual. Nos pasa a los que somos sensibles a lo que le pasa a los demás, aunque no nos afecte a nosotros. Yo creo que en este mundo todo está conectado, y que al final, si otros sufren tú sufres, si otros son felices tú también lo eres. Y si no, algo marcha mal. En fin, que hoy tengo ganas de llorar fuerte, y lo voy a hacer porque creo que es sano ...

EN UN LUGAR DE EXTREMADURA

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  Me crié en uno de los pueblos de Extremadura .    Desde pequeña vi a mis abuelos labrar la tierra y ordeñar a las vacas, mientras otros sacaban adelante un negocio de la nada. Sé lo que es trabajar, porque no he vivido otra cosa que no fuese el madrugar y trasnochar de mis padres. Por ello, conozco bien de dónde vengo y sé cual es mi sitio.   En aquel pequeño pueblo no había muchas cosas que hacer, pero vivimos momentos auténticos. Recuerdo una huelga y manifestación para que no trajesen el pantano más grande de España a nuestras tierras. Éramos pequeños y allí estábamos. Fue el día en el que no fuimos al cole porque tocaba rebeldía .   Muchas tardes las pasábamos en plena naturaleza, pescando, corriendo, haciendo una paella con pocos artilugios, en medio del campo. Jugando al bote-bote ya en la calle del pueblo, escondiéndonos para estar con el chico que nos escribía cartas de amor, fumando a escondidas y bajándonos al pilar a toma...

QUERIDOS ...

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  Ya vienen los Reyes. También para los republicanos. Vivimos al límite, porque los 9 años ya son difíciles para esto de la magia. Ha escrito la carta a sus Majestades con una sonrisa de medio lado que aún no me he planteado cómo interpretar. Rumores de patio y charlas de comedor con los colegas sobre los tres seres mágicos, no pueden traer nada bueno.  Así que estaba tardando en llegar esa pregunta que le hacemos algún día a nuestros padres, madres, tíos o abuelos, cada uno a quien pilla por banda.  Pero yo sigo poniendo el mismo entusiasmo esta noche y, una de dos, o piensa que estoy loca y me sigue la corriente, o somos iguales. Le he explicado que soy creyente, muy creyente. En Papá Noel, en los Reyes Magos y en todo aquel que me traiga regalos y cosas buenas. Así que voy a seguir pensando en que debajo del árbol alguien me va a dejar alguna cosita que sabe que me gustará. Y, bueno, es cierto que no siempre me porto bien. Y que a veces disfruto portándome mal, pero as...

HOLA 2021

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Ya sí que sí. Te vas. 2020. Sonabas bien, y prometías. Pero nos has abierto los ojos de golpe, con un guantazo a mano abierta. Y hemos despertado. O eso espero. A mí me has cortado las alas un poquito, por aquello de mi alma viajera. Pero me has enseñado a encontrar la calma en familia, con la tranquilidad que me hacía falta. He aprendido que nada era tan grave, que poquito a poco las cosas salen mejor y que lo importante es estar con aquellos que te sacan una sonrisa, que preguntan qué tal estás, que se preocupan por tus cosas. Y esas tardes en las que veía que, aunque pantalla de por medio, todos ellos sonreían, yo era feliz. No necesité mucho más que salud, unas cervecitas y comida en la nevera. Aprendí a cocinar con lo que había, cuando salir era difícil y todos nos lanzamos a la compra por internet, saturando el mercado. A guardar el miedo dentro, cuando tenía que contar un cuento, y a sacarlo fuera, si no quedaba otra. Los directos de Re-colócatePsicólogos me hicieron tanto ...

ESE FRÍO

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  Hay días en los que no puedo evitar echar la vista atrás y ahí siempre estás tú.     Los recuerdos son fríos. Mucho frío cuando te levantabas de la mesa donde estaba el brasero, de picón, para ir a cualquier otro lugar de la casa. Debajo de las enagüillas, calentabas mi ropa porque no daba tiempo a que se secase para llevarla de vuelta al Colegio. Mucha humedad. Recuerdo las sábanas, estaban mojadas.   Son fríos pero alegres esos trocitos de vida. En los que cogías mi mano tan fuerte que notaba la rugosidad de los dedos. Cuando te acariciaba las arrugas de la cara, que eran casi dulces. Blandas. Tus cabellos, grises. Lo que te gustaba ir a arreglarte la melena y, si llovía, nada te importaba plantarte una bolsa en la cabeza, de vuelta de la peluquería.   Con tu risa, y más si esa noche asábamos chorizo patatero en la lumbre (que era cada dos por tres). Y tu enfado, si no me bebía el vaso de leche. «Que no sales», me decías. Mis amiga...

CUESTIÓN DE SUERTE

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  Que no tiene suerte, me viene diciendo de camino a casa.      Y mi mente se va a otro lugar y a otro tiempo. En el coche con mis padres, a la salida del colegio, un día de lluvia. De los pocos que venían a buscarme para decirme que nos íbamos a algún pueblo cercano a hacer recados. Eso, para mí, era toda una experiencia, salir de mi rutina. El olor del coche, el gustito que da la calefacción cuando estás mojado. Y ellos. Que no siempre estaban, pero ese día sí. Tuve suerte. Y me sigue diciendo que él no la tiene. Es una tarde lluviosa, en las que apetece llegar a casa, y quedarse allí. Hasta preguntarle el tema 2 de Sociales puede ser un buen plan. Estar calentitos y ver la lluvia desde la ventana.  No tiene suerte porque ha perdido cinco veces a algún juego. ¡Cinco! Y eso significa que le van a pasar cosas horribles. Porque, dice, tener apendicitis es una cuestión de suerte. Y él no la tiene.  Sí un techo, un lugar donde ir si enferma, una buena educació...

A LAS AULAS

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  Jamás una vuelta a clase fue tan difícil para los padres. Pero es que nunca nos hemos enfrentado a una situación como esta. Ni nosotros, ni los alumnos, ni  los profesores. Así que, calma. Pido calma y también ayuda.   En realidad, más que miedo a la vuelta al aula, tengo pánico a que los que nos gobiernan no se estén poniendo en la piel de las familias y, simplemente, estén haciendo, ya, campaña electoral o, peor aún, caja para ellos o sus amigos. Lo siento, no puedo evitarlo, porque soy la "malpensada".  Los padres y madres necesitamos ayuda, no es posible trabajar sin conciliar. Sé que no es país para padres, pero es que el futuro de este país son nuestros hijos. Y dicho esto os diré que lo que sí tengo claro es que la comunidad educativa está haciendo todo lo posible para que volvamos a clase con las mayores garantías de seguridad . Tengo fe en eso, confío y espero poder trasmitir seguridad a mi hijo. Tranquilidad y responsabilidad, eso es lo que le voy a ech...

DE MADRES Y PLATOS

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Los que tenéis un pueblo al que volver, los que tenéis un sitio en el que habéis sido felices y al que retornáis siempre que las cosas se ponen feas, porque allí encontráis sosiego. Los que huís a veces de él porque necesitáis dejar la mente en blanco. Los que tenéis ese lugar en el que podéis volver a ser niños. Todos me entenderéis. Llevo unos días dando vueltas alrededor de muchos recuerdos. Pero hoy me he encontrado este plato, entre vajillas de otra época que, quiero pensar, no se han tirado porque guardan algún secreto o porque significan mucho, aunque parezca que no son nada. Un plato de los años ochenta, en el que me tomaría la papilla o la fruta o la tortilla… Sólo mi madre lo sabrá. Y digo mi madre, porque en esa época eran madres a tiempo completo. Se levantaban por la noche, ellas. Cambiaban los pañales, ellas. Nos daban la comida, ellas. Sufrían lo indecible si su hijo no reía, si no jugaba, si se perdía por las calles del pueblo y tardaba horas en encontrarle. ...

LA NUEVA ¿NORMALIDAD?

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A veces sacar un poquito de nosotros es la clave para soltar lo malo y coger carrerilla. Porque también hay momentos en los que no estás al cien por cien y no pasa nada. Se ha levantado hoy el día nublado, igual que mis ganas de enfrentarme a él. Quería, por todos los medios posibles, acostumbrarme a esta "nueva normalidad". Así la llaman. Pero no. No ha podido ser. Más bien me he dedicado a cavar un hoyo profundo y a tirarme a él como si fuera una piscina. Una y otra vez. Intentando, así, borrar la imagen de los paseos sin miedo, de las tiendas del mercado, de los abrazos, incluso de las despedidas y recogidas en la puerta del colegio. Cuando me tengo que ir, mentalmente, en esos ejercicios de relajación que ya me autoimpongo en mi nueva normalidad, lo hago al campo, al monte. A mi lugar favorito, a mi hora favorita. Y empiezo a fantasear con la brisa que me da en la cara, con las flores, con las tardes de paseos... Entiendo cómo vivieron nuestros abuelos en el campo...

YA QUEDA MENOS

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A pesar del tiempo que se supone que tengo ahora, no he encontrado un minuto para sentarme a escribir. Y además, todo lo que pasa por mi cabeza gira en torno a lo mismo. Sueño con salir, hago maletas todas las noches mientras duermo, echo de menos andar por la calle, ver cosas bonitas...     Tengo ganas de achuchar a los míos . Que, aunque a mí misma me parezca extraño, sueño con arrancar el coche, llevar a mi hijo al colegio e irme a mi trabajo. Que quiero que vuelva doña rutina. Echo de menos a mis compañeros, a mis amigos, a mis padres. Que las videollamadas están muy bien pero que necesito abrazar y besar. Y sé que me queda tanto... Y sé que no podemos . Y que además tenemos que dar las gracias por estar sanos, porque ese virus no nos ha atacado y, si lo ha hecho, ha sido de forma leve. Que estar en casa, tener comida y consuelo de nuestra familia es una suerte. Que no se puede pedir más ahora mismo. Me enfada que no todo el mundo se lo tome en serio . Ayer sal...

UNIDOS VENCEREMOS AL BICHO

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En casa. Y escribir y leer. Y estar con la familia. Juntos pero no revueltos. Tenemos que ser responsables y confiar en nuestros profesionales. Ya sea culpa del Gobierno o culpa nuestra, hemos hecho vida normal, sin tener en cuenta que estábamos ante un problema con una dimensión mayor de la que creíamos. Yo no estaba preocupada, lo reconozco. Pero ahora nos piden que nos quedemos en casa. Que lo que sea que tengamos, o no, se quede en nuestro domicilio. Que los madrileños y madrileñas estemos en cuarentena. Que las personas más sensibles a este virus estén a salvo. Y lo tenemos que hacer. Hay muchos profesionales jugándosela en estos momentos y no podemos decidir irnos de vacaciones, con nuestros hijos, que seguramente sean portadores del virus. No sabemos nada. Así que mejor pasar lo que tengamos que pasar en nuestros domicilios. Y dicho esto, estoy harta de que se busquen culpables . Yo creo que el Gobierno no ha gestionado bien esta cri...